La décima jornada nos trajo un encuentro marcado desde el inicio por las dificultades del terreno de juego. La humedad y la niebla de primera hora de la mañana hicieron que la pista estuviera resbaladiza, generando dudas sobre la disputa del partido. Sin embargo, nuestro equipo, lleno de valientes, no dudó en tomar el balón y empezar a calentar con determinación, dejando claro que estaban listos para competir.
Desde el pitido inicial, los resbalones y caídas se convirtieron en parte del juego, obligando a los jugadores a desplegar toda su astucia y equilibrio en cada disputa. A pesar de ello, el Maestro Padilla se adaptó rápidamente y logró generar un mayor número de ocasiones que el rival.
El equipo buscó el gol con insistencia, combinando desbordes por las bandas, pases al segundo palo y disparos lejanos. Incluso en los saques de esquina se intentó sorprender con balones aéreos al área. Pero la recompensa no llegaba. La frustración podía haber aparecido, pero el equipo se mantuvo firme, convencido de que el gol estaba al caer. Y así lo expresó nuestro portero Gabriel en el descanso: «Estamos llamando a las puertas del gol», testigo del buen juego de sus compañeros.
Con el mismo espíritu de lucha, el equipo salió a la segunda mitad con energías renovadas y la determinación de encontrar el gol. Se intentó de todas las maneras posibles: juego por bandas, pases largos, disparos desde la frontal… hasta que por fin llegó el tan ansiado premio.
Tras un rechace en una falta al borde del área, Raúl estuvo más listo que nadie y consiguió empujar el balón al fondo de la red, poniendo al Maestro Padilla por delante en el marcador. La emoción se desbordó y el equipo siguió batallando en cada jugada, demostrando el esfuerzo y el talento que lo caracteriza.
La valentía se reflejó en cada acción, y Raquel fue uno de los mayores ejemplos. En un balón dividido, no dudó en ir con todo, incluso sabiendo que el portero rival salía con fuerza para despejar. La entrada fue dura y peligrosa, dejando a nuestra jugadora dolorida en el suelo. Aunque el golpe fue fuerte, Raquel se recompuso y volvió al partido tras unos minutos, mostrando la garra que define a este equipo.
Parecía que la victoria estaba en nuestras manos, pero el fútbol a veces es impredecible y cruel. A falta de pocos minutos, el rival encontró el empate con un disparo lejano imparable. Un jarro de agua fría para los nuestros, que aún tuvieron una última oportunidad sin éxito. Y cuando el empate parecía sellado, llegó el golpe final: un córner en el último suspiro que el rival aprovechó para anotar el gol de la victoria.
El fútbol tiene estas cosas. Un partido en el que el esfuerzo, el sacrificio y la valentía de los nuestros merecían otro desenlace, pero que nos deja una gran lección: cuando se lucha hasta el final, no hay derrota que pueda empañar el orgullo de haberlo dado todo. El Maestro Padilla sigue demostrando que está hecho de otra pasta. Enhorabuena por el partidazo, de verdad, estoy super orgulloso del equipo entero. Ánimo Padilla, ¡seguimos adelante!
Muchas gracias a todos los participantes (Gabriel, Jorge Sanjuan, Nico, Alejandro, Raquel, Raúl, Asier, Lucía, José, Martín, Jorge del Castillo y Ana), al equipo rival, al árbitro y a los acompañantes por hacer posible tan magnífica mañana de fútbol.
Un saludo y esperamos veros en la próxima.