La undécima jornada nos enfrentó a un rival de los que marcan el ritmo de la liga. Líder en la clasificación y con un solo tropiezo en toda la temporada, sabíamos que sería un partido exigente, pero lejos de amedrentarnos, el Maestro Padilla salió a la cancha con la actitud de los grandes equipos: concentrados, con ganas y con la convicción de que podíamos plantar cara.

Desde el calentamiento ya se notaba que los nuestros estaban enchufados. Y no fue casualidad que en los primeros compases del partido consiguiéramos adelantarnos en el marcador. Un inicio espectacular, con intensidad y buen juego, que nos dio la confianza de que el partido estaba para jugarlo de tú a tú. Sin embargo, el rival reaccionó rápido y no tardó en empatar. Hasta ahí, el encuentro seguía siendo una batalla deportiva, con igualdad de fuerzas y ocasiones.

Lo que nadie esperaba era el giro que tomaría el partido. Lo que debía ser un duelo entre dos equipos con ambición se convirtió en una lucha física que poco tenía que ver con el fútbol sala que tanto nos gusta. El rival, consciente de que nuestro juego combinativo y salidas por bandas podían hacerles daño, comenzó a imponer su superioridad a base de juego brusco y acciones fuera del límite del reglamento. Entradas duras, empujones y contactos innecesarios fueron minando la confianza de nuestros jugadores. Cada posesión se convertía en un reto, no solo para avanzar con el balón, sino también para evitar una falta que no siempre era señalada.

Aun así, los nuestros no se dejaron intimidar. A pesar de la frustración y del temor a recibir más golpes, el Maestro Padilla demostró su esencia: lucha, entrega y amor por este deporte. Seguimos compitiendo con valentía, buscando nuestras oportunidades y manteniendo la concentración. Durante la segunda parte, tuvimos llegadas claras y opciones de recortar distancias en el marcador, pero el rival estuvo más acertado de cara al gol, ampliando poco a poco su ventaja.

Cuando anotamos nuestro segundo tanto, volvimos a creer. Aún quedaba tiempo y dos goles no eran una distancia insalvable. Pero el líder de la liga supo aprovechar su momento y terminó cerrando el partido con un resultado más abultado de lo que reflejó realmente el esfuerzo y la igualdad vivida en la cancha.

Más allá del marcador, el equipo volvió a demostrar una mentalidad fuerte y una actitud ejemplar. No bajamos los brazos, no renunciamos al juego y, sobre todo, aprendimos una lección importante: en el fútbol, como en la vida, habrá obstáculos y situaciones injustas, pero lo que define a un verdadero equipo es la capacidad de sobreponerse y seguir adelante.

Como entrenador, no puedo estar más orgulloso. Progresamos partido a partido, tanto en el juego como en la actitud. Este equipo ha demostrado que tiene carácter, que sabe enfrentarse a la adversidad y que, pese a las dificultades, nunca pierde las ganas de competir y disfrutar. Seguimos creciendo, seguimos aprendiendo y, lo más importante, seguimos juntos. ¡Aúpa Padilla!

Muchas gracias a todos los participantes (Gabriel, Nico, Yansel, Raquel, Raúl, Asier, Mario, Josías, Jorge del Castillo y Leonor), al equipo rival, al árbitro y a los acompañantes por hacer posible tan magnífica mañana de fútbol.

Un saludo y esperamos veros en la próxima.