El equipo alevín vivió un partido de los que se aprende mucho, en todos los aspectos. Un encuentro muy igualado, competido de principio a fin, donde cada balón se disputó con muchas ganas y energía.
Desde el primer minuto se vio a un equipo concentrado, ordenado y dispuesto a darlo todo. La igualdad en el marcador fue reflejo de lo que ocurría sobre el campo: ocasiones, fases de dominio para ambos equipos y mucha emoción en cada acción. Nuestros jugadores no se guardaron nada. Corrieron, presionaron, ayudaron al compañero y pelearon cada balón como si fuera el último.
Hubo momentos de dificultad, como es normal en un partido tan equilibrado, pero el equipo respondió con personalidad. Supieron mantener la calma, apoyarse unos a otros y seguir creyendo en lo que estaban haciendo. Esa unión y ese espíritu colectivo son, sin duda, uno de los mayores logros del grupo.
El partido fluyó muy bien, con ciertas acciones un poco fuera de tono, pero que el árbitro supo gestionar, a mi parecer, muy bien. Finalmente, con algo de infortunio el partido se decantó del lado contrario, aunque hicimos un esfuerzo enorme por igualar y remontar el encuentro, pero no pudimos culminarlo.
A pesar de ello, el tramo final quedó algo empañado por situaciones ajenas al juego en sí, circunstancias que nunca deberían tener protagonismo en el deporte base. Precisamente por eso es importante destacar la actitud de mantener el respeto, la educación y la deportividad, resumiendo, ser buen deportista y buena persona (lo más importante de todo), entendiendo que competir no está reñido con comportarse correctamente y que el fútbol, ante todo, es un espacio de aprendizaje y convivencia.
Partidos así enseñan mucho más que cualquier resultado. Enseñan a gestionar emociones, a respetar al rival, a aceptar decisiones y a seguir siendo deportivos incluso cuando el contexto no es el ideal. Y en eso, teniendo en cuenta la frustración que generan estas situaciones, se llevo a cabo muy bien.
Más allá del marcador, que en esta etapa es secundario, lo que realmente importa es ver cómo crecen como jugadores y como personas. El esfuerzo fue máximo, la competitividad fue real y los valores estuvieron siempre presentes.
Seguro que pronto podemos disfrutar de mejores sonrisas, poco a poco hay que seguir mejorando.